El
iceberg
como modelo
primario de escribir
novelas según el autor
norteamericano más ejem-
plar de todos los tiempos: Ernest
Hemingway. ¿Cómo lograr el iceberg?
¿Cómo resistir a la tentación de decirlo
todo, todo a la vez? ¿Qué pasaría si lo digo
todo, absolutamente todo, pero lo oculto al
lector en forma de Easter Eggs que este vaya
descubriendo a medida que va conectando todos
los enlaces. Debería hacer estratos, capas semán-
ticas de significado, de trama, de novela. Un poco
como las cajas chinas de Vargas Llosa, pero mejor
hechas que en "La Vida Breve", ese fluir de con-
ciencia de Onetti ha envejecido pobremente y no
se adapta a la inmediatez de nuestros días cuando
queremos todo pero breve, el absoluto pero ense-
guida. ¿Qué está en la cima, pues Pauline por su-
puesto, seguida de Joseph, y de toda la
comunidad alemana que emigró de Baden a
Tovar. Pero luego vamos descendiendo en el
iceberg y nos encontramos a los temas obvios
(no los tengo todos, ¡qué agonía!, aunque
ha medida que hago estas tareas, poco
a poco se van resolviendo las preguntas, las
incógnitas). Los temas obvios son las migra-
ciones de los pueblos, los antivacunas,
el aborto, el rol de la mujer en la época de 1843,
la historia venezolana, SPOILER ALERT:
María Lionza –¡sí, ella! en el ras del agua
la estructura del viaje del héroe
y más abajo las utopías de
los últimos siglos, el concepto
filosófico de libertad y por
último, bien abajo, en el
fondo del océano,
pataleando,
el autor,
yo.
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