2022 Un Renault Twingo circula por la carretera serpenteante entre El Junquito y la Colonia Tovar.
1845 Es el mismo camino, en otras circunstancias, en sentido contrario, que hubo de recorrer
Joseph Vomund, su hija y los otros vecinos para presentar la denuncia sobre los desmanes
900 ocurridos en la colonia. También es el mismo camino que siglos atrás, una tribu de la región
recorrería hasta llegar al valle del Río Aragua, donde pintarían las piedras con sus glifos.
2022 El carro se detuvo frente al quiosco a la orilla del camino. La chica que conducía dijo:
– ¡Fresas con crema! ¿No te provoca?
– ¡Claro!
Y en el instante, ambas chicas descendieron del vehículo. Al acercarse, pudieron escuchar
la conversación de la mujer del quiosco con un anciano que estaba de pie, con una chícora,
trabajando la tierra a un lado. Las chichas no entendían el lenguaje en el que estas personas
hablaban: era un lenguaje extraño, melodioso, distinto al sonido que ellas tenían del alemán.
1842 Sonaba distinto pues no era alemán, sino allämannisch, el mismo dialecto con el cual Benitz
convenció a los vecinos en la taberna de Endingen de firmar el contrato de migración, el mismo
dialecto con el cual la abuela se despidió de Pauline y del resto de su familia, el dialecto de
2009 Kaiserstuhl, con el cual la familia de mi esposo me recibió hace unos años.
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